El chamán me dijo

– ¿Que te dijo el chamán?

– Que estoy jodida. Que me pasé de tueste.

– y eso ¿qué significa?

– significa que es tiempo de sanar… dice que estoy saturada de realidad. Que me excedí de crédula. No se bien a qué se refiere…

– ¿y ‘ora? ¿Que vas a hacer?

– pues me dio una receta, que para olvidar, que para desaprender.

– entonces, tienes una enfermedad…

– yo creo que si. Me revisó y me dijo que tengo…

Inflamada la razón
El presente distendido,
Que carezco de pasión.

Que me hace falta soñar
Que la felicidad me abandonó
(cuando dejé de confiar,
la voluntad se infectó)

Tengo prurito en la consciencia,
Herido el corazón.
Exceso de pasado,
Diarrea de razón

Baja mi autoestima
Elevado el rencor

Tengo náusea por la vida
Dolor en el futuro
Relación tóxica
Insuficiencia de amor…

– Con razón te dijo el chamán que estabas bien jodida.

¿Y cuál es la receta para tus males?

– Deja te leo lo que alcancé a escribir… hablaba muy rápido el cabrón…

Que durmiera sobre lavanda
Que bebiera el aroma de las flores
Que comiera miel de mis propias manos
Que me hiciera de comer.

Que enmarcara mi foto
Y le encendiera una veladora.
Que escribiera un poema y me cantara en la regadera.

Que bailara sin zapatos,
Que riera sin motivo,
Que diera vueltas hasta marearme,
Que jugara con mi perro.

Que me llueva encima y me embarre de lodo, que abra los brazos para que me acaricie el viento, que vea el amanecer y el ocaso, que duerma bajo estrellas.

Que descanse en la playa, que suba un cerro, que nade desnuda, que viaje lejos.

Que perdiera el control,
Que renuncie,
Que escriba la última carta,
Que acepte la vida.

– ¿te dijo algo más?

– Si. Que lo fueras a ver. Porque estás más jodido que yo.

Jaguar Negro

Manto de Estrellas

Tomo la ayahuasca y me recuesto, escucho los cantos, los ícaros del chamán, espero… Camino durante largo tiempo por un sendero lleno de árboles grandes de distintos colores: verdes, amarillos, azules, violetas. Me detengo al sentir, muy cerca, un viento suave, miro mi cuerpo y me doy cuenta que miles, millones de libélulas, vuelan a mi alrededor.

– Estoy desnuda, pienso, y siento el aleteo más fuerte. Lentamente comienzo a elevarme entre las copas de los árboles, veo algunos pájaros, después la selva entera y un río muy grande. Más adelante, los océanos y la Tierra.

– Voy hacia el espacio, me digo.
Pronto se hace el silencio, estoy cada vez más lejos del planeta, sólo alcanzo a ver diminutos puntos de luz. Abro los ojos para acostumbrarme a la oscuridad, descubro a Júpiter con sus lunas, parecen globos de gas flotando en el universo. Más tarde observo a lo lejos una espiral con millones de estrellas, comprendo que es la Vía Láctea.

– ¿Cómo es posible que pueda continuar viva en esta inmensidad?, me pregunto, pero no tengo miedo, las pequeñas libélulas acompañan mi viaje. Continúo… ya no hay diferencia entre espacio, tiempo y mi corporalidad, “todo es uno y lo mismo”, me repito.

– En un momento aparecen ante mí múltiples círculos transparentes, voy hacia uno de ellos, me acerco, parece una ventana, pero no hay vidrio, es como una película plástica, la toco y mi mano la atraviesa, pienso en Alicia cuando cruza el espejo, pero desecho la idea, esto es distinto.

Decido entrar, al hacerlo, las libélulas se desvanecen, ahora estoy sola, pero me siento bien, me doy cuenta de que estoy en un lugar lleno de paz. Levanto la vista y entonces puedo verlo, ahí está, tiene la misma mirada, el pelo largo, la misma delgadez, le acaricio el rostro y comienzo a llorar interminablemente, en un abrazo escucho sus palabras: “todo está bien, ya no hay nada de qué preocuparse, la muerte es sólo una parte del todo”, dice, lentamente me tranquilizo y entro en un sueño profundo, mientras él me cubre con su manto de estrellas.

Cruz Elena