Ayahuasca en Teotihuacan (Los testimonios del Jaguar Negro)

Encuentro de ayahuasca en Teotihuacán, estado de México.

En esta ocasión, el encuentro se dio a un par de kilómetros de la ciudad donde los dioses se encuentran, en San Martín de las pirámides. Casi cuarenta personas listas para acceder al interior de ellos mismos, a las zonas más profundas de su inconsciente pero de manera consciente y totalmente lúcidos, gracias a la ayuda del espíritu de la liana de los muertos, que ha sido reconocida por doctores y expertos en el fenómeno de la ayahuasca alrededor del mundo, por ser esta cocción de plantas, un poderoso psicointegrador de los aspectos o dimensiones que se encuentran en el consciente e inconsciente colectivo de la humanidad para asimilarlos e integrarlos en los niveles individual y grupal, de esta manera, al presentarse a los participantes las zonas más oscuras de sí mismos, pueden observarlas e iluminarlas, transmutarlas en aspectos positivos que los ayuden a su crecimiento y desarrollo personal, así como a la sanación de sus heridas psicológicas, emocionales y espirituales.

Antes de la toma, se trabajó en dos temazcales, primero en uno y luego en el otro, así equilibraron la dualidad para reconocerse como unidad, sanando la parte masculina y la femenina en cada uno de ellos. Después de un par de horas de sudar y elevar cantos a la madre tierra, invocando a los ancestros y la medicina del corazón, salieron todos, a esperar el momento de tomar el líquido dulce-amargo-salado de consistencia espesa y fibrosa, lleno de amor, preparado en la selva amazónica en la región shipibo-conibo por médicos tradicionales ayahuasqueros de nacimiento, quienes le cantan ícaros mientras la cocinan, así la dejan lista para que viaje a través el continente, llegue a muchas personas que la necesitan, que han recibido el llamado de la abuela planta, y así ella sane sus almas, espíritus y cuerpos, eliminando todos los temores, las dudas y permitiendo a los asistentes reconectarse con su verdadera esencia, luminosa, radiante y pura, en la que el amor responde a todas las posibles preguntas.

La música shamánica, los ícaros y canciones de medicina armonizaron el ambiente, ayudó a los asistentes a fluir en el estado acrecentado de conciencia que brinda la ayahuasca para darles seguridad en el paso hacia otros mundos, donde algunos pudieron encontrar la causa o raíz de sus enfermedades, otros que vieron guardianes emplumados custodiando el encuentro en torno al ritual de protección con plantas mexicanas de limpia. Los rostros se transfiguraban, las personas cambiaban de apariencia, los sonidos se presentaban como fractales de colores, la geometría sagrada despertaba la memoria celular y akáshica en los cuerpos físicos y etéreos, las imágenes permitían el entendimiento profundo de las cosas, la vibración iba aumentando, la concentración atraía seres de luz dorada que esparcían su energía hacia todas las personas, se abrían portales en la cabeza por donde salían serpientes y lagartos de dimensiones intraterrenas, en busca de larvas astrales, de emociones de baja frecuencia, para alimentarse de ellas y dejar únicamente lo que aporta energía elevada para expandir la conciencia.

Mucho conocimiento vegetalista en las noches con la abuelita, maestra, doctora ayahuasca, sanación de pensamientos, emociones y liberación del karma, ensoñaciones poéticas, viajes multidimensionales, comprensión del movimiento de la energía, reconocimiento de que cada persona es, por sí misma, la totalidad el universo.